Vistas de página en total

martes, 19 de marzo de 2013

HOJAS CRUJIENDO DETRÁS DE MÍ


Hay tantas cosas que escondemos del mundo.
 El miedo de que sepan que es lo que ocultan mis ojos creo que es lo que me hace vivir escondida, como si pudiera de esa manera detener lo que me pasa. Saber que desde los 16 años las cosas cambiaron para mí. Que de un día para el otro aparecieron miedos que iban tomando territorio hasta creerse dueños de mi mente. Si sigo sobreviviendo es porque a partir de los 17 años, tuve que empezar una conducta regular de pastillas por día. Dos para estar bien mentalmente. Hoy a los 22 podemos sumarle dos más para que mi estómago aguante cada patada de la vida que catalizo directamente ahí. Y durante todo ese periodo de años, vivir escondiendo que es lo que me hace poder levantarme.
Porque, ¿No tenía acaso demasiados detalles que ocultarle al mundo? También tuve que vivir con vergüenza de que mi estabilidad dependa de pastillas, siendo tan joven y teniendo tanta vida por delante.
Ya intenté quererme, pero el amor no dura mucho tiempo. No nos tenemos química –mi cuerpo y yo-, no podemos aprender a convivir “lo que quiero ser, con lo que me animo a ser” no nacimos el uno para el otro, y sin embargo nos destinaron a ocupar el mismo espacio.
También intenté corregirme, a golpes, de las cosas que hacía mal. Pero la disciplina no sirvió. Sólo ayudaba a dejarme marcas que no favorecían al silencio de mis secretos. Cada cosa que intenté hacer para silenciar mis miedos, era un sonido más perceptible que el de hojas crujiendo debajo de mis zapatos. 
Aprendí a ir a terapia seguido, a tener que confesar una y otra vez qué era lo que pensaba o lo que me pasaba. Terapeutas tratando de amortiguar mis miedos con palabras alentadoras: “pronto vas a estar mejor”, “vas a ser esa persona que vos querés ser”, “esta es una condición pasajera”. Ni hablar de los predicadores que bendijeron mi vida miles de veces, que tocaron mi cabeza y vieron mi dolor, pero descubrieron que en base a eso todo iba a estar mejor, que iba a llevar naciones detrás de mí con mi filosofía de vida. No seguí todos los pasos que tenía delante, pero  creí un par de veces. Ya pasaron 6 años desde los primeros episodios. Y sigo acá, tratando de correr en silencio, pero sigo escuchando hojas de otoño crujiendo detrás de mí.
Sumado a que encontré amor dos veces, las dos en lugares equivocados, en personas equivocadas. ¿Por qué me atraen los que nada tienen que ver conmigo? ¿Por qué me involucro en casos perdidos? ¿Por qué quiero salvar a otros, si yo estoy al borde del precipicio? ¿Por qué no me salvo primero a mí?
Perdí tantos años de mi vida, los más preciados, los de mi adolescencia.
¿Cuándo vendrán esos Días Mejores?
Encuentro pedazos de mí, que no puedo volver a reconstruir. Busco valor, sabiendo que no lo tengo. Fabrico ilusiones que me ayuden a amanecer, pero sirven durante un rato, hasta que las penumbras de la noche se las devoran y el miedo acecha tras de mí, escucho hojas de otoño crujir, ya se acerca, ya está aquí.


sábado, 9 de marzo de 2013

INJUSTICIA


Odio que me digan como tengo que ser. Es algo que no soporto.
Pero lo que más bronca me da, en realidad, es que me importe tanto lo que los demás puedan decir de mí.
Estoy harta de lo que soy, no me soporto ni un segundo, y me soporto menos cuando empiezo con este discursito patético como mi vida misma.
Esas palabras que suelto en mi momento más triste y decadente, sacando a relucir lo miserable que soy. Lo tan vacía de mi existencia.
De nuevo vuelvo a insistir: ojalá hubiera un formulario para donar vidas.  Y dársela a la gente que merezca vivir, gente valiente que se las rebusca. No una cobarde –como yo- sin pretextos que no “disfruta viviendo”.
Me pongo repulsiva con el exterior. Creo que me da satisfacción que me odien tanto como me odio yo, aunque eso me dé ganas de ponerme a llorar. De pronto recuerdo que mamá no quiere que sea así, quiere que sea una buena chica. Y yo que más quisiera que honrarla por traerme a esta vida y cuidarme. ¿O debería odiarla por traerme a este mundo, del cual no me siento parte? O por lo menos no me siento bienvenida. Debería de haber nacido o ser trasladada a “Cobardelandia”.
Hay gente que se muere por vivir. Y yo ni siquiera quiero estar viva. ¿Por qué la vida es injusta? Cuantas veces lloramos gente excelente que perece. Pero sin embargo tendríamos que hacer canje; perdedores como yo; y darles la vida a gente con fuerza de voluntad, que carece de otras cosas: salud por ej. Que es lo que a mi casi que me sobra.
Como si fuera poco, hay gente prisionera de otras personas malas que no lo dejan ser. En cambio yo estoy presa de mi propia mente.  Y soy quien tiene las armas para ser libre, pero no me animo a utilizarlas.
Repito: que injusta es la vida. 

sábado, 2 de marzo de 2013

LA CAIDA DEBE SER LA ULTIMA


Tengo q dejar de perder a la gente que amo, pero me cuesta tanto, nosé como hacer para salir a flote sin inundar o sumergir a los demás. Vivo rodeada de miedos y de fracaso, y nosé como escapar a tanta malaria. Tengo muchas virtudes, lo sé, pero tengo millones de defectos, y son ellos los que terminan ganando esta pulseada del bien y el mal.
No quiero seguir dando lástima, o dando una imagen que ni yo sé describir, por momentos me siento bien con lo que doy, pero poco tiempo después me siento la peor, la más fracasada.
Y eso, ¿Cómo lo remedio? Ya nosé como afrontar esto, a veces parece estar tan cerca el sol, ya casi lo toco, pero de pronto todo comienza a nublarse y vuelvo a caer en el pozo del que estaba escapando, de vuelta tengo que empezar a escalar por esos horribles y difíciles muros, son resbalosos y muchas veces necesito que alguien me ayude desde arriba, que me tiren una mano, que me alcancen una soga… pero se que ellos están ocupados, y los tengo que molestar, o interrumpir en sus vidas para que me puedan ayudar y después de perder tanto tiempo buscando la soga correcta, ¿Acaso salgo? No.
Llego hasta el borde y vuelvo a caer, ya no quieren ayudarme y es comprensible, busco manos diferentes pero cada vez son menos, porque todos se van dando cuenta de que es en vano.
Entonces pierdo credibilidad. Ya nadie va a querer ayudarme, y lo mejor será reventarme la cabeza en la próxima caída.



martes, 15 de enero de 2013

LOS ATAQUES DE IRA
Ataques de ira que nadie entiende; ataques de ira que se van de tus manos. Nadie sabe lo que es ser prisionero de su propia mente. Es difícil que entiendan que dentro de nosotros existen ganas de volar, y tenemos las alas, pero nos limitamos a no usarlas por MIEDOS TONTOS. Pero MIEDOS TONTOS QUE NOS PARALIZAN.
Yo nunca hubiera entendido el poder de la mente si no me hubiera tocado estar de este lado, el lado donde se sufre. Donde la impotencia te saca de las casillas. Donde nadie ni nada te sirve de consuelo.
He llegado a lastimarme, y encontrar en ese autoflagelo la descarga necesaria para aliviar el dolor del alma.
Pegarme demostrando el odio que me tengo a mi misma. La única manera de calmar esos incesantes y atormentadores llantos, es descargando esa presión que se ejerce en mi pecho en alguna parte de mi cuerpo que no sea tan visible, porque si algo es seguro es que las personas que DE VERDAD sentimos o tuvimos Ataques de Pánico, y nos Autoflagelamos, es que NO QUEREMOS QUE NADIE MÁS SEPA LO QUE ESTAMOS VIVIENDO.
Remarco este punto porque he tenido la oportunidad de hablar con otras personas que "dicen" a ver sufrido un ataque o una sensación de ello, y noto quién lo dice en busca de una ayuda, y quién para hacerse notar. Es muy chocante escuchar eso de la boca de personas que simplemente quieren llamar un poco la atención. Duele, porque quién verdaderamente lo PADECE, se escondería hasta en el último rincón del mundo con tal de que  nadie lo sepa.
En fin el punto es que es vergonzoso reconocer que en un momento de ira perdimos tanto la cabeza, al punto de lastimarnos a nosotros mismos, como si no bastara ya con las torturas psicológicas que nos auto- ejercemos todos los días, o cada vez que nos sentimos cayendo. Igual quiero animarte a que no te escondas de lo que te pasa. Yo he llegado a morderme, pegarme, cortarme, nunca me lastime para hacerme un verdadero daño, ha sido solamente como un desahogo de sentimientos ERRÓNEO, claramente, pero del que pude salir. Hoy en día no sigo con esas cosas, y de a poco me estoy mando más. Pero yo también salí de ese lugar oscuro de donde quizás tu estés hoy. ÁNIMO

martes, 24 de julio de 2012

NO ESTAS SOLO.

Hola, si llegaste hasta acá pueden ser varias razones, pero la que más me interesa es si llegaste porque te encontrás desesperad@ y pensas que a nadie más le pasa lo que te está pasando a vos. Seguramente pensás que estás fuera de sí o actuando de manera incoherente, que no tenes salida, ni salvación... QUIERO DECIRTE Y HACERTE ENTENDER QUE ESTAS EQUIVOCAD@.

Me presento ante ustedes como Sissy, tengo 21 años de edad... Si, toda una vida por delante, ¿cómo puede ser que ya tenga tantos conflictos sin resolver que he llegado al punto de no poder salir de casa? vivo en Argentina, de hecho, soy argentina. Y cree este blog para que no se sientan solos, quizás ya encontraron en algún otro lado algo parecido a esto, pero a mi me tardó bastante contactarme con gente que le pasará esto que me pasaBA!!!


Empecé con ataques de pánico a los 16 años, aún no entiendo por que.
Un día estaba en la casa de una amiga festejando su cumpleaños, de tarde, eramos muy pocas, y todas mujeres, cuando de repente me dijo que iban a venir unos amigos a festejar también, y me  empezó a doler la panza, fui al baño (a hacer lo segundo). Y empecé a pensar que iba a vomitar, entonces quise volver a mi casa, y cuando me subí al colectivo (autobus) estaba lleno de gente por doquier, pensé que me iba a quedar sin aire, me empezó a latir el corazón a mil, el camino se me hizo eterno, me sentía mal, quería llegar pronto a casa. Pero lo tomé normal, como cualquier descompostura. a los tres días fui a la escuela, y de nuevo los síntomas pero cuando ya estaba en el aula en el segundo piso.
Sentía que todos me miraban, que me estaban observando... Me sentí como un ente raro, del que los demas podían burlarse. Y me empezaron a transpirar las manos, a agarrarme calor, pero tener el cuerpo frío. Me daban dolores abdominales, y ganas de vomitar. El corazón me latía muchísimo más fuerte que siempre. Y así fue como empezó el largo y triste camino que jamás me hubiese imaginado, tendría que pasar.
Pero les digo que hoy mejoré muchísimo, y estoy casi al 100%.
Quiero terminar de mejorarme escribiendo acá y contándoles y dándo mis fuerzas y algunos "consejos" o sugerencias para que también tomen el impulso de buscar su felicidad.



IMPORTANTE ES SABER QUE NO HAY QUE RENDIRSE, PORQUE PARA VER EL ARCOIRIS TIENEN QUE CAER UN PAR DE GOTAS.